viernes, 30 de marzo de 2007

Ella II

Ella es una de esas personas que confía en la sabiduría de la noche. la madrugada, con su silencio revelador nos hace escuchar los sonidos del adentro...admitirse...hacerse caso...

Ella, quizás preferiría no oírse, obviar esos momentos de lucidez febril, que, generalmente la acosan por las noches. En ese estado impreciso de de pensar ya adormecida o soñar aún despierta.

La crueldad del insomnio es ser espejo. Es enfrentarla con su imagen fugitiva...esa que huye de todas las miradas. Ese "ser de verdad" que invocan sus desvelos es indefenso ante la lógica, es, simplemente siendo.

Ella es consciente de lo importante y revelador de las noches en vela. Sabe que se enfrenta a certezas vedadas aún a la más feroz de las razones.

Aún así no logra descifrar los vericuetos de esa verdad tan clara. La paradoja de realidades de frente.

Ella es una de esas personas que prefiere escapar. De esas que sienten que omitiendo algunas cosas, el mismo "no decirlas" las hará desaparecer, o , mejor aún, logrará que nunca hayan sido.

Por eso mastica sus verdades a solas, porque desde su temor no sabe admitir.

Por eso calla lo que quiere desaparecer, tras paredes de silencio, en palabras huecas.

Es ella una de esas que atesoran secretos durante el día y los padece por la noche.

Endurece con la salida del sol, olvidando tanta sensiblería absurda. Tanto llorar indigno de sus debilidades.

Pero espera la noche ansiosa. sin saber si conseguirá ganar la batalla contra su propia conciencia.

Ella masculla palabras de desconsuelo, nunca podrá escaparse de sí misma.

Ella amaría la felicidad de los inconscientes, de los que ignoran, de los que se ignoran a sí mismos.

Aguarda despierta una vez más...ese silencio que le trae su propia voz. Esta vez debería admitirte y quitarle el candado a esa razón controladora.

Una noche más, no consigue dormir, oyendo pensamientos que te nombran.

Ella es una de esas personas que confían en la sabiduría de la noche...

El desvelo la asedia, y desnuda de palabras, resiste para no admitir.






Imagen: Plástico
Autor: Rocambole

miércoles, 7 de marzo de 2007

Ella...parte I


Ella y sus pasos, efímeros como ecos, sus ojos seguros.. El temblor de sus manos que agitan una espera.

Ella que no sabe finalmente dónde quedó la inspiración, si es que hay musas de la ansiedad.

Ella con el hielo del tiempo sobre las heridas, se agotó de buscar palabras, de tratar de inventar lo indecible.
Busca el veneno de una de esas historias, las que nunca pudieron ser.

Se sumerge en esa espera incongruente, deseando la muerte de los minutos, para romper la ansiedad constante, para quebrar la inconsciencia.

Ella y un reloj traidor y unas letras prófugas que en su divagar la ignoran. El sillón: el trono, una hoja, lapicera, sugieren esa soledad que más que antigua es absoluta.

Mientras busca cómo nombrar lo que no puede decir, los dibujos de un pasado se hacen guiar por un recuerdo.

Intenta sin cesar saber si son recuerdos de un cuento o cuentos de un recuerdo. Es lo increíble de esperar con paciencia, una manera de expresar, para no ahogarse con certezas.

Ella y sus dudas más que posibles. Ella en su intento de relatar lo que no pasó y…lo que es peor, lo que jamás hubiera pasado, pero podría suceder.

¿Cómo es que el tiempo nos traiciona? ¿cómo nos transporta sin mover los cuerpos?

Ese nido de recuerdos indescifrables, absorben el presente cargado de silencios.

Ella, su sillón, su hoja en blanco. Ella, la de memoria incapaz, la de ojos perdidos, la del sueño despierto. Ella y esos momentos que se desdibujan en el peor de los tiempos: pasado.

Ella, la que no aprende a gritar ausencias, la que no sabe callar el delirio de saber.

La enormidad del paisaje: su ser hoy, le trae el miedo más profundo. Le acerca un temor absurdo e inexplicable.

Ella, su pesadilla de verte, o no, de verse en tu reflejo verde; de notar el frío en tu mirada que no la ve. Ella y el peor de todos sus momentos: la hoja en blanco y tu historia sin contar. Ella que no entiende que lo que duele es tu silencio, tu recuerdo sigiloso y adormecido.

El pánico de no poder nombrarte la envuelve, de conocer los efectos de un mutismo que ahoga y deja huellas.

Ella sigue sin contar su historia, sin escribir ni una palabra y vos seguís ahí: en tu propia ausencia.

(25/08/05)

Es sólo la primera parte de tres escritos que deben ser leídos como una continuidad...