domingo, 22 de abril de 2007

Azul

A veces te siento como un crucigrama.
Enredo inherente al estado de cosas.
Esa, la niña asustada, corre por el bosque.
En esos lugares voluntariamente deshabitados
estás.
Siendo ese: todo y nada de este encuentro absurdo.
La necesidad de negarte te confiesa.
Aún de esta manera azul no puedo callar.
Mis ojos gritan.
Mi claustrofobia de mí no me deja salir.
Aquí dentro, atascada.
Con nudos en la piel por las cosas nunca dichas,
por las no hechas.
La morada en la que habitás incómodamente te reclama.
Lugar de vacío espacio-temporal.
Averno de letras cómplices.
Esa, la luna que me observa desde adentro, te evoca.
Y aunque eternamente me calle tus propios silencios
sigo siendo tu voz.
La niña asustada corre en círculos, te caen piedras
en la frente.
Se puede saber, aún sin saberlo...
A veces te leo como un crucigrama.



*You reached for the secret too soon...you cried for the moon*

lunes, 16 de abril de 2007

...Sorteo de señales...


Hoy viniste a reclamar
los pedazos de conciencia que d
esparramé,
que te hubiera regalado.
Esa idiotez efímera,

esta venganza del nunca más.
Este corazón amordazado,

este silencio podrido de gritar.
Hoy buscás este desprecio,

esa locura detrás de tu espejo.
Esa ignorancia que me prestaste
para envolver mis palabras.

Hoy plantaste bandera.
A este final de nunca acabar.

Este sorteo de señales.
Esta sordera en tus ojos...

Y dónde irás si te callo?
A esa cárcel que elegiste.
Ese encierro de reflejos.

Espejismo de un adiós.
Hoy estás entre mis hojas.

Otra vez llora mi tinta.
Hoy me desvelo pensando
cómo será TU jamás...





Imagen: Xul Solar

viernes, 13 de abril de 2007

Ella.....parte III

Otra vez es ella y sus cicatrices: heridas viejas.

Ella y su poder de no ser y no ver. Su ingenuidad silenciosa en un bar. Exceso de tabaco y café, ceguera. Palabras y sentimientos fuera de control, mientras le ofrecen flores.

Flores: muerte evidente en las horas, instantes que se queman, algunas despedidas.

Cuando el infierno y el cielo ya le dan igual. Cuando miradas hablan y duele un callar.

Minutos perdidos en algún espacio en el que no está.

Ella siempre está, siempre vuelve, testigo atávico de esta locura. Rehén de una memoria que no perdona, presa del rencor silencioso.

Sigue siendo ella. Fiera y flor, cazadora y dulce.

Paciente en los reencuentros espontáneos, ausente en muchos besos terrenales.

Sí, sigue ella tan pequeña, tan insignificante. Está en cada centímetro de la hoja en que se busca. En cada letra. Sus ojos no saben del silencio. Ni de ubicaciones, ni de tragedias.

Ella que encuentra todo y no el espejo. Ella, la que flota en la ilógica de la ausencia.

Ella, que es vida ajena, que siente calma, que habla despacio hacia adentro y no se puede escuchar.

Ella siempre vuelve y nunca está en paz. Hasta que siempre y nunca dejen de tener sentido estricto.

Hasta que el material de sus sueños se vuelve vida.

La muerte ronda esa inconsciencia que se hace nombre. Un nombre que esta vez le tocó nombrar.

Ella está y no. Grita verdades o no tanto. Ella es cobarde pero no mira atrás. Ella debe querer o quiere deber lo que no encuentra.

Salpica palabras, que brotan apretadas y solas. Ella y su sentido extrasensorial.

Quiere dejar de ser para ser. Quiere ver. Y está muda. Frente a un camino abierto.

Ella se va a ir de este mundo. Sin miedo. Se va a ir porque nunca estuvo. Allí. Ella sólo está en esos ojos.

Ella no puede ser lo que nunca fue, aunque quisiera, no puede morir porque no nació. No sabe abandonar porque nunca tuvo. Sólo puede gritarle a la noche que ya le duele.

Admitir que es mundo y es realidad. Ella en un material que se hizo carne. Y dos.

Ella que notó que es ser porque le duele. Ella es una conciencia que se hizo sombra, carcelera de un alma.

Ella, esclava de una sonrisa y dueña de lo que calla. Ella que quiere ser prófuga de la razón: ella soy yo.

(14/08/06)




Autor:Salvador Dalí

viernes, 30 de marzo de 2007

Ella II

Ella es una de esas personas que confía en la sabiduría de la noche. la madrugada, con su silencio revelador nos hace escuchar los sonidos del adentro...admitirse...hacerse caso...

Ella, quizás preferiría no oírse, obviar esos momentos de lucidez febril, que, generalmente la acosan por las noches. En ese estado impreciso de de pensar ya adormecida o soñar aún despierta.

La crueldad del insomnio es ser espejo. Es enfrentarla con su imagen fugitiva...esa que huye de todas las miradas. Ese "ser de verdad" que invocan sus desvelos es indefenso ante la lógica, es, simplemente siendo.

Ella es consciente de lo importante y revelador de las noches en vela. Sabe que se enfrenta a certezas vedadas aún a la más feroz de las razones.

Aún así no logra descifrar los vericuetos de esa verdad tan clara. La paradoja de realidades de frente.

Ella es una de esas personas que prefiere escapar. De esas que sienten que omitiendo algunas cosas, el mismo "no decirlas" las hará desaparecer, o , mejor aún, logrará que nunca hayan sido.

Por eso mastica sus verdades a solas, porque desde su temor no sabe admitir.

Por eso calla lo que quiere desaparecer, tras paredes de silencio, en palabras huecas.

Es ella una de esas que atesoran secretos durante el día y los padece por la noche.

Endurece con la salida del sol, olvidando tanta sensiblería absurda. Tanto llorar indigno de sus debilidades.

Pero espera la noche ansiosa. sin saber si conseguirá ganar la batalla contra su propia conciencia.

Ella masculla palabras de desconsuelo, nunca podrá escaparse de sí misma.

Ella amaría la felicidad de los inconscientes, de los que ignoran, de los que se ignoran a sí mismos.

Aguarda despierta una vez más...ese silencio que le trae su propia voz. Esta vez debería admitirte y quitarle el candado a esa razón controladora.

Una noche más, no consigue dormir, oyendo pensamientos que te nombran.

Ella es una de esas personas que confían en la sabiduría de la noche...

El desvelo la asedia, y desnuda de palabras, resiste para no admitir.






Imagen: Plástico
Autor: Rocambole

miércoles, 7 de marzo de 2007

Ella...parte I


Ella y sus pasos, efímeros como ecos, sus ojos seguros.. El temblor de sus manos que agitan una espera.

Ella que no sabe finalmente dónde quedó la inspiración, si es que hay musas de la ansiedad.

Ella con el hielo del tiempo sobre las heridas, se agotó de buscar palabras, de tratar de inventar lo indecible.
Busca el veneno de una de esas historias, las que nunca pudieron ser.

Se sumerge en esa espera incongruente, deseando la muerte de los minutos, para romper la ansiedad constante, para quebrar la inconsciencia.

Ella y un reloj traidor y unas letras prófugas que en su divagar la ignoran. El sillón: el trono, una hoja, lapicera, sugieren esa soledad que más que antigua es absoluta.

Mientras busca cómo nombrar lo que no puede decir, los dibujos de un pasado se hacen guiar por un recuerdo.

Intenta sin cesar saber si son recuerdos de un cuento o cuentos de un recuerdo. Es lo increíble de esperar con paciencia, una manera de expresar, para no ahogarse con certezas.

Ella y sus dudas más que posibles. Ella en su intento de relatar lo que no pasó y…lo que es peor, lo que jamás hubiera pasado, pero podría suceder.

¿Cómo es que el tiempo nos traiciona? ¿cómo nos transporta sin mover los cuerpos?

Ese nido de recuerdos indescifrables, absorben el presente cargado de silencios.

Ella, su sillón, su hoja en blanco. Ella, la de memoria incapaz, la de ojos perdidos, la del sueño despierto. Ella y esos momentos que se desdibujan en el peor de los tiempos: pasado.

Ella, la que no aprende a gritar ausencias, la que no sabe callar el delirio de saber.

La enormidad del paisaje: su ser hoy, le trae el miedo más profundo. Le acerca un temor absurdo e inexplicable.

Ella, su pesadilla de verte, o no, de verse en tu reflejo verde; de notar el frío en tu mirada que no la ve. Ella y el peor de todos sus momentos: la hoja en blanco y tu historia sin contar. Ella que no entiende que lo que duele es tu silencio, tu recuerdo sigiloso y adormecido.

El pánico de no poder nombrarte la envuelve, de conocer los efectos de un mutismo que ahoga y deja huellas.

Ella sigue sin contar su historia, sin escribir ni una palabra y vos seguís ahí: en tu propia ausencia.

(25/08/05)

Es sólo la primera parte de tres escritos que deben ser leídos como una continuidad...



domingo, 18 de febrero de 2007

Víspera





El tiempo ata
ca las razones de sentir y de ser. Implacable nos arrastra a un final ineludible.
Losaños han marcado estos días festivos. Haciendo copias exactas de los viejos dolores.
El present
e reproduce incoherencias del ayer, desilusiones propias de otro tiempo.
Todos somos y no somos los mismos, repetimo
s situaciones y alteramos lo escrito
¿Qué somos en este
juego?.
No podemos dejar de notar las ausencias, ni
queremos, ni debemos, ni siquiera podríamos.
Somos simplemente, marionetas de
una historia, de nosotros y los otros que hacen que seamos.
Imperfectos
y necesarios protagonistas, ocupantes obligados de los mismos lugares, de espacios asignados e inamovibles.
Otra vuelta
de hoja que nos encuentra a los mismos. Iguales, pero diferentes, vacíos, pero resignados.
Envueltos, agotados, partícipes y resistentes, víctimas
y esclavos de los que nos toca ser.



Imagen: Starry Night
Autor: Vincent Van Gogh

domingo, 28 de enero de 2007

Espejo

¿Quién me va a encontrar en tan absurdos rincones?
¿Quién podrá ver más q un reflejo?
¿Quién sabrá leer mi código?
Quién, una vez más,
me mira desde el fondo del espejo?
En atados de palabras perplejas
está mi mundo.
En ausencia de explicaciones,
en encuentros furtivos con lo que fui.
Aquí estoy, atada por las letras.
Sujeta a lo real
que a veces puede ser.
También soy lo que trasciende
a mis hojas colmadas
de palabras sueltas.
¿Quién quiere vivir para siempre?
¿Dónde se irán mis letras?
¿Qué quiere decir para siempre?











Imagen: "La bailarina"

Edgar Degas

miércoles, 24 de enero de 2007

Encriptada

Para que me recuerden no siempre encriptada en palabras ajenas.
Para ser por mi voz dormida de gritar.
Locuras no tan nuevas, nuevo atardecer...
Y qué si no me encuentro, una vez más, entre tanto desparramo?
Para no irme de viaje en lágrimas viejas.
Mejor no pensar de más o de menos.
Realidad absurda la de ser tan yo, tan necesaria y tan mía.
Más vale tenga más miedo de mí.
Para no perderme en esos ojos huecos-propios.
De la imaginación aguda donde me escondo.
Que palabras llenas no me toquen más.
Porque las vacías letras llenan huecos.
Mi tinta y yo, de nuevo allí, algún lugar.
Lugar más miedo de mí...













Imagen: "La persistencia de la memoria"

Autor: Salvador Dalí